domingo, agosto 31, 2008

Elegancia decadentista

Después de mucho observar, amigos míos, un servidor se ha dado cuenta que el gótico apenas existe, o por lo menos, la concepción que uno tenía sobre él. Después de alcanzar tal grado de horterismo uno no se puede sentir identificado con este término tal mal entendido hoy en día, por lo menos en cuanto a mí generación se refiere, bien diferenciado de su primera etapa. Siempre quedarán los discos y aquella época y generación que tuvo la suerte de vivir el verdadero movimiento pero hoy en día apenas hay grupos que hagan algo innovador en este campo y el mundillo en general esta plagado de críos metaleros con escaso interés musical.

Todo esta idea viene en aumento desde hace tiempo pero culminó hace poco cuando unos criajos "góticos" me llamaron emo (¿Emo yo? Lo que me faltaba.) en tono más que despectivo. Yo suelo pasar de lo que piensen los demás pero esto me ayudo a ver la situación actual. Tampoco quiero generalizar, pues en otros países la situación no es como la de España, o por lo menos esa fue mí impresión por ciudades de Alemania, por ejemplo, o en Londres.

Desde ahora seré participe de un individualismo exacerbado con un toque de elegancia decadentista. ¡Elegancia es lo que hace falta con el chonismo tan extendido de hoy en día! Y no solo con chonismo me refiero a los bacalas de toda la vida, sino también dentro de todas las denominadas "tribus".

Quiero recalcar que hoy en día sigue habiendo gente y grupos muy válidos, además de eventos, conciertos y festivales de lo más reconmendable. También es facilmente diferenciable a los góticos de palo de los "auténticos". Pero la tónica general dentro de la sociedad son muy diferente a los originales y por lo tanto no puede ser lo mismo que antaño. Disculpen lo vanal de este post, pero no esta mal odenar de vez en cuando las ideas.

alp

¡Benditos años 80!

martes, agosto 26, 2008

De matemáticas y enigmas

Desde pequeños las preguntas que nos hemos hecho la mayoría de nosotros respecto a las matemáticas seguro que han ido evolucionando de ¿Para qué sirve una raíz cuadrada en nuestra vida? a ¿Para qué me sirve una integral? Esta ciencia casi nunca goza del agrado por parte de los estudiantes y, no es para menos, pués llegan a ser tan abstractas y complejas que dificilmente se pueden entender completamente a primera vista. A medida que aprendes un poco más y, sobretodo, ves su efecto práctico y su manejo diario, te das cuenta que las matemáticas, todo ese conjunto de operaciones que por lo menos a mí, me dan mas de un dolor de cabeza, hacen nuestra vida más fácil.

Curioso ver como diferente culturas sin relación alguna, llegaron a desarrollar procesos matemáticos diferentes, pero con el mismo resultado, demostrando que forman parte de la naturaleza, como la armonía y belleza que otorga el numero áureo.

¡De momento solo sé que a partir de la semana que viene apenas veré más alla de mi ventana gracias a las matemáticas! ¡Quizás el roce haga el cariño y mi mal entendimiento de dicha materia haya conseguido que la aprecie un poco más! ¡Vayan ustedes a saber!


escritorio

¡Suerte a todos los que odiamos septiembre!

lunes, agosto 25, 2008

Fotoblog y nueva apariencia

A partir de ahora no se pierdan las actualizaciones del fotoblog de vida urbana. En próximos días pincelaré algunos detalles pendientes del blog y, claro está, actualizaré con nuevas fotografías.

A parte, he modificado un poco la apariencia de este blog y alguna que otra de sus aplicaciones.

El enlace a la nueva página aquí. ¡Espero que les guste!

martes, agosto 19, 2008

El rey Patónico

Patones, municipio del nordeste madrileño, tuvo durante los siglos XVII y XVIII su propia monarquía. Son muchas las leyendas e historias que versan sobre este acontecimiento, aunque pocas están documentadas y muchas escapan de la realidad. Pero a decir verdad, ¿Quién se resiste a dejar volar su imaginación ante tal exótico hecho? ¿La existencia de un rey pararelo a los borbones? En el siglo XVI, el pueblo de Patones (actual Patones de Arriba), contaba con siete vecinos dedicados a la ganadería, que dependían de la cercana villa de Uceda a la que pagaban los tributos correspondientes de la época. Las primeras referencias al rey de Patones aparecen el el siglo XVII y parece ser que se trataba de un anciano al que los vecinos aceptaban su autoridad. Este tenía más bien el papel de juez y su cargo era hereditario (se han documentado la existencia de hasta cuatro reyes). Esta peculiar forma de gobernar de esta zona desapareció en el siglo XVIII cuando Carlos III dió al lugar juridiscción propia, contando desde entonces con un municipio y alcalde propio. Más información sobre las leyendas del rey Patónico en este enlace.


La visita al pueblo merece la pena, así como perderse un rato por los alrededores del pueblo. Aunque, si le agobia el gentío como a un servidor, se recomienda no ir domingos y fiestas de guardar.

martes, agosto 12, 2008

Indignación taurina

¿Qué mente humana puede divertirse con un espectáculo tan cruel como la tauromaquia? Solo un ser sin empatía puede gozar ante un espectáculo tan grotesco y de mal gusto que para colmo es imagen de España ante el mundo. Como decía Jovellanos, ya en la ilustración, es un signo del atraso cultural español.

Pocas veces contemple un hecho tan demente como el que viví el sábado pasado en Pontevedra. Me encontraba en una plaza del centro de la ciudad cuando de repente una peña taurina se acerca por allí y vemos que traman algo alrededor de una estátua. Nos acercamos para ver que hacían e intentamos distinguir que era aquello que colocaban en lo alto del monumento. De repente una mujer con cara cínica nos dice con sarcasmo: ¡Es una oreja, chicos! Después de varios improperios e insultos ante semejante acto de locura que acababa de presenciar, se fueron dejando aquella oreja ensangrentada en lo alto de la plaza como señal de orgullo.


Ante esto solo puedo sentir repugnacia, indignación y odio. Parece increíble que haya personas capaces de disfrutar y sentir orgullo delante de esta masacre. Cualquier persona que se llame civilizada debería repudiar y no formar parte de estas tradiciones, signo de un atraso cultural.