sábado, octubre 31, 2009

El puerto gris

En aquel puerto de mar, de aire frío y cortante, en donde las angustias se diluyen en el aire igual que las lágrimas en el mar, se perdió toda esperanza por recuperar aquellos momentos. Botella en mano, intentado no sumergirse en pensamientos aun más oscuros, pasaban las horas de aquella noche donde solo se palpaba la melancolía de tiempos mejores. De pronto, la tenue luz del amanecer comenzaba a iluminar ya a las tambaleantes sombras que deambulaban por aquella parte de la ciudad en esas horas tan inapropiadas. Un nuevo día comenzaba. Otro día frío y solitario en esos parajes grises de hormigón y metal. Pero como cada día, con el mismo esfuerzo que realizan los nuevos rayos de sol para abrirse paso por la niebla del alba, un nuevo golpe de esperanza se apoderaba de su interior. Un golpe que se desvanecería allí, en aquel puerto frío de alma gris.

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